Algo como que debería dejar de pensar la ciudad
como una continua despedida,
mirar torpemente hacia esos viejos edificios, rescatando
la nariz graciosa de la infancia,
la manera en que se crea la ciega frontera,
a modo de pared empapelada por la costumbre.
Algo como que debería dejar de pensar la ciudad
como un alejamiento no encarnado,
como una vorágine de pasos perdidos
que rodea el miedo a abandonar la primera patria.
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