Es curioso. Hace apenas un año yo deseaba con muchas ganas recomenzar el curso, que me explicaran el surrealismo o las teorías feministas que desembocaron en lo que llamamos la historia de las mujeres. Hoy, sin embargo, domingo sin lluvia de un invierno lleno de estrépito, de huidas no consumadas, no tengo ganas de volver al supuesto templo de la sabiduría. No me apetece otra cosa, tampoco: hay días que me bastaría con dejar de ser, o más bien, con dejar de intentar ser. Que no se me exigiera más que una casi imperceptible respiración.
Lo esencial es que no llego nunca a ninguna parte, que no estoy nunca en ninguna parte. (...) No hay más que descuartizarse tranquilamente, en las delicias de saberse nadie para siempre.
El innombrable, Samuel Beckett.
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